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Acciones
Solidarias
¿De qué hablamos cuando
hablamos de Solidaridad?
ProyectARG
considera a la solidaridad como una
instancia de responsabilidad frente
al otro. Se trata de una instancia
ética que no se reduce a sujetos
con necesidades específicas,
sino que nos llama todos a
que nos encontremos y reconozcamos
como distintos en identidad, e iguales
en derechos. Se aleja entonces de
la connotación “caritativa”
que asume el término habitualmente.
La Solidaridad exige una transformación
en las maneras de relacionarnos en
la vida cotidiana, en el trabajo y
en las distintas instituciones públicas
o privadas. Coloca en primer plano
la cooperación, trabajo
común llevado a cabo por parte
de un grupo de personas hacia un objetivo
compartido.
Ahora bien, ese objetivo compartido
no puede ser cualquier objetivo, sino
que debe tender al bien común,
es decir, debe orientarse hacia algún
aspecto de la vida social con base
en los derechos humanos y
principios democráticos.
Únicamente con base en dicho
dispositivos será posible que
el diálogo, la concertación,
la reflexión crítica,
y la participación responsable
construyan una cultura solidaria.
Dicha cultura resulta entonces de
un individuo y una sociedad
que presta atención a las necesidades
de sus semejantes, reflexiona
al respecto y decide ayudar a transformar
positivamente la situación
de su prójimo. Sin embargo
no resulta sencillo hacerlo sin caer
en una concepción de Solidaridad
del tipo caritativo.
Esto es así porque al
término “prójimo”
se lo asocia automáticamente
con el “necesitado”,
reduciendo esto a una cuestión
de falta por parte del otro, a quien
hay que “convertir” en
alguien “digno” con “derecho
pleno”. Este es el error en
el que más cómodamente
nos situamos en nombre de la solidaridad:
el orden de los factores. En realidad
si profundizamos, tendríamos
que considerar a toda persona
digna y con derecho pleno,
de manera que el prójimo
sea visto como un próximo,
más allá de las situaciones
sociales (construidas por todos) que
lo hayan perjudicado o beneficiado.
Es entonces con el otro, en
tanto otro distinto a mí pero
igual al mismo tiempo (en
términos de derechos y dignidad),
con el que nos encontramos a diario
en todos los ámbitos de la
sociedad (hogar, trabajo, instituciones
educativas, ongs, etc.).
Todos juntos, todos “nos-otros”,
debemos co- construir
la transformación social que
las problemáticas históricas
que el nuevo siglo nos exige con crudeza:
Justicia, igualdad y libertad.
Marisa Maneffa.
“Tenemos que renunciar a
conocer a aquellos a quienes nos
liga algo esencial; quiero decir
que tenemos que acogerlos en la
relación con lo desconocido
en donde ellos a su vez nos acogen
también, en nuestra lejanía
(…) La amistad (…),
esta separación fundamental
a partir de la cual aquello que
separa se convierte en relación.
(…) es el intervalo, el
puro intervalo que, de mí
a ese otro que es un amigo, mide
todo lo que hay entre nosotros,
la interrupción de ser
que no me autoriza jamás
a disponer de él, ni de
mi saber de él (aunque
sea para alabarlo) y que, lejos
de impedir toda comunicación,
nos pone en relación al
uno con el otro en la diferencia
y a veces en el silencio de la
palabra”. Maurice
Blanchot
L’Amitié, Gallimard,
París, 1971, pp. 328-329;
cit. En Jacques Derrida, Políticas
de la amistad, Trotta, Madrid,
1998, p. 325.
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